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Desde la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Santa Cruz de la Calle Sevilla y en nombre de todos los hermanos de esta Centenaria corporación, os damos nuestra más cordial bienvenida a este blog, que con seguridad nos servirá a todos para conocer mejor nuestra Hermandad y su vida asociativa, y así enriquecernos a nivel personal y colectivo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La Luz con el tiempo dentro.




Volvía la luz con el tiempo dentro. La luz blanca de su plata recién estrenada de nuevo, volvía a  La Palma con el tiempo dentro, con el madero antiguo que labraron nuestros abuelos, con ese madero viejo que recibió el privilegio de ser la Amantisima Titular de su ya centenaria hermandad tras haber sido venerada durante siglos por sus vecinos.

Volvía la luz, con todo el tiempo dentro, con todo el tiempo que atesora el Sagrado Madero que es símbolo de nuestra Fe, con todas las plegarias y los rezos que ha venido recibiendo en esta tierra; con todos los ruegos, las oraciones, las súplicas, los deseos y los anhelos; con todo el recuerdo de los que se fueron aferrados a Ella. Con toda la ilusión de los ojos de nuestros hijos. Con toda la luz atesorada en mañanas de mayo. Con toda la pasión de la gente que la quiere y con toda la pasión de este pueblo del que dijera Montoto que se volvía “loco por su Cruz”.

Volvía la luz con el tiempo dentro… Si el cristiano está llamado a ser la luz del mundo, el signo del Cristiano, nuestro símbolo, la Cruz, se hacía de nuevo en La Palma, fiel reflejo de esa luz de manera más poderosa, más clara y más rotunda aún  y volvía a la ciudad que la sacó de sus entrañas, con todo su tiempo dentro.

En la mañana del sábado se abrieron las puertas de la capilla como si de un traslado mañanero se tratase, la luz estallaba en el blancor del suelo de mármol y nos regalaba una visión única de la Santa Cruz.

Quizá nunca como hasta en ese momento comprendimos en toda su intensidad aquellas palabras que de Ella dijera Morgado, quien sí supo sacar del Universo aquello que mejor la describiera.

Nunca antes comprendimos tan bien como en esos instantes a qué se refería el poeta cuando la describía mezclando el “fulgor de sol naciente”, y el “blancor de plata y luz”. Nunca como en ese momento supimos de su custodia convertida en “sol radiante”, y en los reflejos de “luz de luna” de su cuerpo; nunca como hasta en ese momento supimos del “blancor de plata y luz” en toda la intensidad, como la vio aquella generación que la conoció en 1948 recién llegada a su ciudad.

Volvía la luz a la ciudad, en un noviembre mortecino que te vio marchar en el día de los difuntos para recibirte con la llegada del Adviento, ese tiempo en el que la luz se hace tan presente, simbolizada en las cuatro velas que se han de ir encendiendo a la espera de la Navidad. En Tí nada es casualidad nunca y lo demuestras con la grandeza sobrehumana que te rodea.

Se acerca el momento de recibir a Aquel que dijo “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan, 8, 12-20)

La Palma, momentos antes de la llegada del tiempo de Adviento, recibió toda la Luz que cabe en una Cruz que lleva el tiempo dentro.


* Nota: “La luz con el tiempo dentro” 
es un verso del poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, 
de cuya obra cumbre se cumple este año el centenario.